Analytics

martes, 12 de mayo de 2015

Crónicas de un cambio I

Imagen de el menda
Es la primera vez desde que nació la niña que voy a pasar una noche lejos de ella. Y paradójicamente creo que va a ser la noche que peor voy a dormir. Pero todo tiene su lado bueno... saco un rato para escribir.

Este está siendo el año de los cambios. Primero nos estrenamos como padres y ahora nos mudamos a la península. La carrera profesional de mi mujer la lleva hasta allí y como funcionamos como un gran equipo, nos vamos en familia. Así que aquí estoy, buscando la que será nuestra casa en los próximos años.

Esta es la segunda vez que hago un cambio así. Hace unos ocho años fue entre islas, para ir a vivir con la que hoy es mi mujer. Y como siempre, la experiencia es un grado y te hace ver las cosas de forma diferente.

La primera vez me resultó realmente duro. Acostumbrado a estar con amigos de los de toda la vida. Acostumbrado a tener siempre cerca a una familia a la que quiero y necesito... Acostumbrado a una rutina... el cambio no fue fácil para mí. Correr era más divertido cuando lo hacía con mis amigos... pescar solo ni me lo planteaba... lo que me gustaba hacer, me gustaba porque lo hacía con mi gente.

Pero maduras... y aprendes que no pierdes la relación con esa gente. Sólo debes saber llevarla en la distancia. Y además conoces a más gente, y empiezas a disfrutar de otras rutinas... y ves que hay otros sitios en los que te gusta correr, y más gente con la que te gusta correr, y que hay gente a la que acabas queriendo mucho a la que les gusta pescar. Y ves que cuando puedas estar con la gente que ahora está un poco más lejos, no ha cambiado nada y la relación sigue igual.

Así que este cambio será diferente. Es cierto que no vuelvo con las personas a las que dije hasta luego hace unos años...sino que te alejas un poco más. Y que además dices hasta luego a más gente que ahora también son importante. Pero también es cierto que estoy convencido que seguirán estando ahí. Y eso lo hace más fácil.

La foto de la entrada es especial para mí, porque me hace pensar que los cambios también traen cosas muy buenas. Hacer el camino de Santiago con un gran amigo fue una experiencia extraordinaria. Y lo conocí gracias al cambio... eso me hace afrontar con optimismo la situación.

Digamos que he aprendido que no poder saber dónde estaré en unos años no es malo... si tengo razones para no poder olvidar donde he estado. Y que cuando en una relación hay sentimientos sinceros, la distancia no le puede. Y un buen ejemplo de esto es mi hermana: tenemos cada vez más complicidad y el cariño mutuo es cada vez mayor, por mucha agua que haya de por medio.

Así que empiezo esta nueva etapa con la tristeza de no estar cerca pero la tranquilidad que da que siempre estaremos cerca.




domingo, 3 de mayo de 2015

Mamá con artritis...

Imagen de dsigning
No hace mucho encontré el libro Mujer y artritis reumatoide: El valor de una vida. Este libro es parte de una campaña llevada a cabo por la Sociedad Española de Reumatología y la fundación Abbott para concienciar a la población sobre la enfermedad. El libro recoge diez casos reales vistos desde tres perspectivas: las pacientes, las especialistas en reumatología y famosas en diversos ámbitos (actrices, deportistas, ...)

Me pareció una iniciativa muy interesante, porque probablemente haya muchas personas que no conozcan esta enfermedad. Y también creo que hay muchas personas que aún conociéndola, si no la han vivido de cerca, no la entienden. Yo la he vivido de cerca, y creo que hoy es un buen día, el día de la madre, para hablar un poco de ella.

Para una persona, sobre todo si es joven, se hace muy duro que haya algún periodo (brotes) en los que tienen que pedir ayuda para tareas cotidianas como hacerse una coleta, abrir una botella de agua, cambiarse de ropa, ... Se trata de una enfermedad crónica para la que no hay cura. Los tratamientos tratan de evitar las consecuencias degenerativas o los síntomas, pero no curan la enfermedad, por lo que el dolor será siempre un compañero de viaje para quienes la sufren. Se trata de una enfermedad discapacitante, así que siempre habrá días en los que necesiten ayuda... y esto es duro.

Pero la parte física no lo es todo. Como decía, muchas personas no entienden lo que significa convivir con esta enfermedad. Y quienes lo entendemos, a veces se nos olvida... y esto les afecta. Porque les exigimos un poco más... que acaben sus estudios, que mejoren en su profesión, que avance unos kilómetros más en un camino... Nos obsesionamos con el tramo que les queda por recorrer sin pensar en lo que les ha costado andar el que ya han recorrido. Y sin quererlo, generamos frustración, vergüenza, ...

Y mucho más... porque hay mucho más. Pero esta no es la parte que quería contar. Lo que realmente me gustaría contar hoy es que también hay una parte positiva. Porque siempre hay que buscar el lado positivo de las cosas.

En el caso de mi mujer, la enfermedad le ha obligado a aprender a sobreponerse. Ha entrenado su capacidad de sacrificio por así decirlo. Cuando estaba estudiando, llegué a ver como tenía que soltar el bolígrafo al escribir dos o tres líneas porque no soportaba el dolor en las manos. Pero no se levantaba, no se compadecía, no renunciaba... estiraba un poco los dedos, respiraba hondo e iba a por las dos o tres líneas siguientes. Este es sólo un ejemplo de cómo ha afrontado ella su enfermedad y su vida.

Con ella aprendí que en la vida lo realmente importante no es lo rápido que hagas el camino, sino lo claro que tengas el destino. Y podría hacer mía una frase que escribió Dani Rovira en un libro de Jesús Callejas: He aprendido con él (ella) que las toallas son para secarse el sudor, pero nunca para tirarlas.

Varias personas me han dicho que lo que más les gusta de ella es que siempre tiene una sonrisa en la cara. Hay que tener unos HUEVOS muy grandes para sonreír también cuando pasas por un brote. Hay que tenerlos bien puesto para no abandonar cuando las cosas van cuesta arriba. Y ella lo consigue.

Porque ha ido consiguiendo lo que se ha ido proponiendo. Sus dos grandes logros han sido ser madre, para lo que estuvo más de un año dejando sus tratamientos y aguantando las consecuencias. Y terminar la carrera de medicina y poder elegir plaza para especializarse.

Y lo que me hace realmente feliz. Lo que hace que me sienta un tipo afortunado... no es que los médicos la llamen colega. O los pacientes doctora. Para mí lo realmente maravilloso es que mi hija la llamará MAMÁ.

¡FELICIDADES!