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miércoles, 30 de septiembre de 2015

Maravillosamente normal

Imagen de rigahouse
Hace algo más de siete meses que nos embarcamos en la aventura de ser padres. Y durante este tiempo, cada vez he ido siendo más consciente de lo devaluada que está la palabra "normal" cuando hablamos de niños.

Quizás sea porque somos padres primerizos, pero cada cosa que empieza a hacer la niña nos emociona. Cuando nos empezó a seguir con la mirada, a sonreír, a coger cosas, ... TODO es un acontecimiento para nosotros. Y motivados por ese entusiasmo muchas veces lo queremos compartir. Es ahí cuando empiezas a verlo: "Pero eso es normal que lo haga ya", "Uy claro, fulanito lo hacía desde los X meses", ... Que algo sea normal no hace que deje de ser maravilloso, no tiene ningún sentido que se le quite la importancia que tiene sólo por ser normal.

Pero ahí no queda la cosa. Si lo "normal" no tiene importancia, necesitamos que destaque. Nos gusta que nuestros niños sean más grandes, hablen más pronto, caminen antes, ... Y por eso empiezan las odiosas comparaciones.

No es habitual escuchar frases como "mi hijo/sobrino/nieto/... va feliz al colegio porque le encanta aprender". Lo que nos gusta decir es "ha sacado un diez en lengua", "es el más listo de la clase", ... Incluso, a ciertas edades, "es el más travieso" nos puede valer... mientras sea "el más" en algo...

Y eso es lo que vende. He perdido la cuenta de cuántos artículos del tipo "los niños que se crían con lactancia materna serán más inteligentes"... y los que estudian música, juegan al ajedrez, tienen una madre con caderas anchas (sí... eso también influye por lo visto), etc... A veces creo que si mi hija hiciera todo esto, acabaría con una indigestión de inteligencia.

Afortunadamente, he comprobado que no es sólo una impresión mía. En esta entrada de Facebook vi un cartel con una frase simplemente genial: Los niños necesitan ser felices, no "ser los mejores". Poco más hay que decir... Porque aunque se me dibuje una sonrisa al escuchar que la niña está grande, no quiero perder el rumbo... y esta frase es un buen faro.